
A finales de 1991, después de egresar de la Facultad de Artes, me trasladé al Antiguo Hospital Militar de Quito, donde compartí espacios de trabajo con Pablo Barriga, Jenny Jaramillo y Olivia Hidalgo. Instalar allí mi taller significó para mí un momento de transición y apertura. Continué desarrollando mi investigación pictórica, pero comencé a ampliar sus límites mediante la experimentación con nuevos materiales, objetos y formas de ocupar el espacio.
En ese momento, este tipo de propuestas era difícil de exhibir en espacios convencionales como las galerías. Por ello, decidí utilizar los espacios vacíos y el patio central del Antiguo Hospital Militar y transformarlos es espacio expositivo. Aunque el edificio se encontraba deteriorado, sus paredes, estructuras y huellas del tiempo aportaban una atmósfera particular que enriquecía las obras. El espacio se convirtió así en parte activa de la propuesta. Esta experiencia dio lugar, en 1992, a la exposición Instalaciones, que marcó mi transición hacia una práctica más experimental y espacial.