
En su origen, rasgar las vestiduras era un gesto de dolor y duelo, destinado a hacer visible el sufrimiento provocado por la pérdida de un ser querido. En la Antigüedad, este gesto también expresaba indignación y rebeldía frente a una injusticia. Se convierte así en un símbolo de dolor, desacuerdo y no conformidad.
La performance «Rasgar las vestiduras» forma parte de la serie Êtres de la Mémoire, en la que recreo en porcelana formas inspiradas en recuerdos íntimos de mi infancia. Estos recuerdos, atravesados por el amor, la pérdida y el dolor, toman la forma de vainas, flores, pseudo-cactus, ramas o esferas. A través de estas formas orgánicas, exploro la memoria e intento exorcizar el sufrimiento relacionado con el duelo, especialmente el de la ausencia de mi padre.
El mar se ha convertido progresivamente en un elemento esencial de esta obra. Portador de recuerdos íntimos, también se ha convertido en el espejo de las imágenes de la migración a las que nos enfrentamos cotidianamente. Se crea así un encuentro entre lo íntimo y lo colectivo, entre la memoria personal y los dramas contemporáneos relacionados con los desplazamientos humanos.
Frente a los procesos migratorios y a la falta de solidaridad hacia las personas desplazadas, rasgar la vestidura se convierte en un gesto de indignación y dolor, pero también en una manera de hacer visible una experiencia universal: la de la pérdida, el desarraigo, la adaptación y la búsqueda de un nuevo comienzo.
Rasgar – remendar las vestiduras» — noviembre de 2018 – en curso
Esta acción colectiva invita al público a bordar, reparar y transformar la vestidura, compartiendo historias relacionadas con la memoria, la migración y la identidad. Cada gesto de bordado se convierte en una manera de dejar una huella, reparar simbólicamente una herida y crear vínculos.
La vestidura, marcada por las heridas de la pérdida y el exilio, se transforma progresivamente en un espacio colectivo donde se encuentran las experiencias individuales. El agua, el mar y las formas fluidas bordadas sobre el tejido crean un hilo conductor entre lo íntimo y lo colectivo.
El proceso artístico propone así una reflexión sobre la fragilidad, la memoria, el desplazamiento y la capacidad de reconstrucción, convirtiendo la vestidura en un objeto vivo, cargado de las historias de quienes participan en ella.
Diana Valarezo, 2018–en curso